Entradas con la etiqueta ‘Uno’
En mi casa me aburro o sobre la apatia
Siempre me considere un entuasiasta radical, un tipo que encuentra diversion en cualquier cosa, en cualquier juego. Rara vez rechazo la oportunidad de divertirme con algo. Incluso cuando estoy condenado a perder, no suele importarme y la perspectiva de divertirme intentandolo es más fuerte.
Un joven filosófo contemporaneo, Roy Khalidbahn, que murió hace un par de años denunciaba la apatia reinante, un mal terrible que afecta nuestra sociedad.
¿De qué me habla este tipo?
Observen la simplicidad de las vidas que los rodean, sino sus propias vidas. Transcurren en un circuito simplisimo signado casi siempre por la vida laboral. Del trabajo a casa, con sus variaciones tipicas: trabajo, universidad, casa; trabajo, gimnasio, casa; trabajo, amante (o cabarulo o bar), casa.
Para la mayor parte de las personas, su vida pasa por el trabajo. Ahí todo tiene sentido, tienen un rol, una función, un objetivo y una recompensa evidente: sueldo, ascensos, felicitaciones del lider o gerente, progresos cuantificables(bugs resueltos, ventas, afiliados, etc). Incluso, la universidad les da ese aliciente mensurable, tangible: materias aprobadas, calificaciones, años cursados.
Pero en “casa”, tomamos mate con nuestro vacio existencial. En casa no hay un sistema, un Otro, que nos diga: nuestra productividad, que te de su aprobación, que te indique que hacer, que leer, en que pensar. Nadie te felicita, nadie te asciende, nadie te paga. No hay nadie más que uno mismo tomando mate con la ausencia de uno.
En casa, estamos nosotros frente a la soledad y no pasa mucho tiempo antes que nos demos cuenta de nuestro vacio. La mayor parte de los días, pasamos solo un rato en casa, y encontramos algo que nos ocupa la mente (y la vida): la televisión, con sus versiones modernas, la super caja boba o televisión satelital. Llega el finde y buscamos como escapar y salimos, nos encontramos con alguien, vamos al super, de compras, miramos la peli boom de turno.
Rara vez se da un vacio demasiado prolongado en casa porque escapamos antes que nos aceche este fantasma pero ocurre, eventualmente, tener, incluso en esta rutina saturada, atisbos de la pobreza interior o estar obligado a quedarnos en casa como esas vacaciones que no teniamos guita para irnos.
¿Cómo es esta pobreza interior?
No hay nada más allá del trabajo, todo lo demás es insignificante, trivial, banal. No profundizamos, ni enriquecemos nuestra vida con ninguna otra actividad a la que nos dediquemos con pasión. No importa si esta actividad es tennis, natación, leer, dibujar o jugar al domino.
Siempre con sus matices, el hombre medio, o mediocre diria J. Ingenieros esta privado de pasión. Lo unico que lo inspira es el trabajo y, con suerte, la universidad, que no suele ser una elección por vocación sino un calculo de costos presentes y beneficios futuros.
Hay otros contextos donde el hombre parece ajeno a esta apatia pero si observan bien en estos ámbitos también tienen la característica de ser actividades grupales donde, nuevamente, encontramos la supremacia de nuestros instintos sociales: la aprobación ajena, la comparación, la competitividad, o de nuestra mente bien modelada hacia la productividad: cuantificación del progreso, retorno de la inversión.
No queda mucho espacio en la vida del hombre medio para el cultivo del placer por el placer mismo. El hedonismo esta manchado por la culpa. El hedonismo es una falta de respeto a los demás. Una perdida de tiempo. El placer no es cuantificable, no es productivo, a menos que lo vendamos a otros.
La interioridad no existe donde nos regocijamos recreandonos en nuestras aficiones, nuestra vocación, nuestros pequeños hobbies, nuestras ideas, esos sueños que en algun momento nos estremecian al pensarlos realizados. Ahora, la hipotecamos porque pesa, porque nos lastra, porque nos da culpa o verguenza de nosotros mismos.
Me asustan aquellos que dicen: “En casa, me aburro!” y caen a la oficina 10 minutos antes para adelantar trabajo (nunca dejan de adelantar). No se trata de tu casa, se trata que estas vacio y lo que sos, lo sos por y para los demás. No hay nada más en esas personas que su función social.
Quedate en casa, toma mates con tu vacio y preguntate qué te haría feliz hacer aunque fuera la cosa más pelotuda del mundo y más inutil. Cagate un rato en la opinión de los demás. Tira la yerba, así no le quedan hongos después. Y empeza! que la vida se pasa volando. No vaya a ser que descubras todo lo que dejaste cuando estes por estirar la pata.
O quizas no, como decía el buen Robert A. Wilson.
Cuanto durara?
Soy de los que cree fuertemente en que debemos hacer valer nuestros derechos y expresarlos libremente. Ahora, soy tambien de los que creemos que expresar estos derechos tiene que tener un limite (o varios) mas allá de lo que la ley nos dicte.
Creo que cuando uno forma parte de un barrio, institución publica o privada debe hacer toda lo necesario para hacerse escuchar. Imaginemos que para esto hace falta paros, movimientos. Bien!
Ahora, mi punto de quiebre es cuando en estos paros ya empezamos a dañar las mismas instalaciónes que luego del mismo continuaremos utilizando. Que sentido tiene romper 200 butacas, prender fuego o escribir con aerosol un lugar en el que mañana vamos a tener que pasar gran parte de nuestro día?
Ese es mi punto de quiebre. Aquel en el que mas alla de mis derechos terminamos perjudicando a mis hijos, padres amigos y a mi que por suerte o desgracia voy a pasar por ese mismo lugar un rato mas tarde y talves durante un periodo importante de mi vida.
A que viene esto pensara mas de uno. Esto viene a una noticia que alguien me paso del sitio de la Facultad de Filosofia y Letras.
POR FAVOR! PENSEMOS, CUIDEMOS LO NUESTRO QUE NADIE MAS VA A VENIR A HACERLO POR NOSOTROS!
Mis dos amores
Soy uno mas, y como tal tengo el mismo problema que el resto de los hombres. Tenemos mas de un amor.
Primero, mi doncella, OBVIOOO!!!…pero a centimetros….a pocos centimetros en la escala del amor lo sigue…
Cervezaaa!!!!




